Pobreza, desigualdad y tratados de libre comercio

Desde que los profetas del neoliberalismo comenzaron a difundir aquello de menos estado y más privado y desembarcaron en las dictaduras latinoamericanas de Pinochet y Videla para ponerlo en práctica, la destrucción de los derechos de la mayoría progresó sin cesar, y se incrementó cuando la señora Thacher proclamó su famoso TINA “There is no alternative”. Esta ausencia de alternativas les hizo crecerse con la caída del muro de Berlín, y en los últimos años, aprovechando una crisis creada por la especulación financiera sin límites y el mal llamado “libre mercado”, nos han impuesto austeridad y privatizaciones para pagar su fracaso  y de paso enriquecerse aún más. Leer más

 

Foro Social Mundial 2016

La ciudad de Montreal ha sido durante una semana (del 8 al 14 de agosto) el lugar de encuentro de miles de activistas llegados desde centenares de movimientos sociales y organizaciones para participar en el Foro Social Mundial. Desde su primera edición, celebrada en Porto Alegre en el año 2001, el foro sigue persiguiendo el desafío ser un espacio de reunión para promover la convergencia de luchas y alternativas así como el desarrollo de redes de acción y solidaridades. En esta edición, la número 12, se enfrentaba un reto adicional ya que, por primera vez, una ciudad del norte actuaba como anfitriona y esto ha marcado claramente el contenido y desarrollo de un encuentro menos global y más americano que en las ediciones anteriores pero con un potencial reivindicativo enorme. Leer más...

 

¿Bienvenido míster TTIP?

Juan Antonio González Alonso – Attac Oviedo

Mayo 2016

El TTIP no es un simple tratado comercial tal como intentan enmascarar sus oscuros negociadores, es un ataque frontal contra la inmensa mayoría de la sociedad europea y estadounidense que trata de disimular sus intereses geoestratégicos y geopolíticos. No es ya ningún secreto la galopante pérdida de hegemonía mundial de los EEUU que observa con inquietud como los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) toman posiciones punteras en los destinos político-económicos-militares del planeta. Así que EEUU firma el TTP (Trans-Pacific Partnerhip) con 11 países (Canadá, México, Perú, Chile, Brunei, Japón, Malasia, Singapur, Vietnam, Australia y Nueva Zelanda) para aislar a China e India, y quiere firmar el TTIP para alejar a Rusia de Europa. Además EEUU firma el Trade in Services Agreement (TiSA), acuerdo sobre comercio y servicios, suscrito por la UE y 24 países más, obviando, como no, a los BRICK. Y es que TTP, TTIP y TiSA son instrumentos imprescindibles para seguir fomentando el imperialismo neoliberal y globalizador de EEUU en el mundo, dirigido contra las potencias emergentes (obsérvese que tan sólo EEUU, está presente en los tres tratados).

¿Con qué amenazan los BRICS a EEUU? En principio con crear un bloque alternativo a la estructura institucional económica occidental, nacida y desarrollada a partir de Bretton Woods (1945). Por un lado, China construyendo una Nueva Ruta de la Seda (trenes de alta velocidad, carreteras, oleoductos, etc.) que le acerque más a Europa. Por otro lado, Rusia con sus infraestructuras transeuroasiáticas para obtener una mejor conexión con Europa -sobre todo con Alemania- y fomentar un mercado común euroasiático

TTIP, TPP Y TiSA son extensiones económicas de la la hegemonía estadounidense, para controlar un bloque que incorporaría el 75% del comercio y del PIB mundial, y que tendría en la OTAN su brazo armado con una Europa subordinada a los intereses de su ¿socio? americano. Cuando Orwell describió al Gran Hermano (Big Brother) que nos observa, jamás imaginó que llegaría de la mano del libre mercado y que tendría el rostro de un encopetado y próspero capitalista yanqui que señalándonos con su dedo índice nos invita a que nos alistemos en sus filas (I want you for U. S. Army). Si todo es así, no será porque populares, liberales y socialdemócratas no estuvieran advertidos.

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El TTIP o el caballo de Troya en la democracia

Juan Antonio González Alonso – Attac Oviedo

 

Abril -2016

Me han quitado el bolígrafo, me han quitado cualquier papel sobre el que podría escribir y me han quitado el móvil. Luego firmas un documento de confidencialidad de 14 páginas y un funcionario te saca los documentos que el eurodiputado pide con antelación. El tiempo máximo es de dos horas. y durante ese lapso el funcionario te controla permanentemente. Así es como describe Ernest Urtasun, diputado de Iniciativa per Catalunya Verds (ICV) en el Parlamento europeo, tras solicitar leer el contenido del “Transatlantic Trade and Investment Partnership” (TTIP) en la “reading room” o sala donde tienen secuestradas las deliberaciones del acuerdo multinacional.

El TTIP es un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos (EE UU) y la Unión Europea (UE) que pretende representar el 30 por ciento de las transacciones comerciales del mundo –mitad del PIB mundial– y que afectaría a 800 millones de personas, pero, como se ve, con absoluta ausencia de transparencia y democracia, incluso para los propios parlamentarios de la UE. Grosso modo, se trata de desplazar las decisiones políticas de los parlamentos e instituciones de la democracia representativa al despacho de las grandes empresas multinacionales, pero barnizando su apariencia de simple tratado comercial.

Según la Organización Mundial del Comercio (OMC), en abril de 2015 existían 612 TLC, de los cuales los más importantes son “Comprehensive Economic and Trade Agreement” (CETA), tratado de libre comercio entre la UE y Canadá; el “Trans-Pacific Partnership” (TPP), tratado entre Estados Unidos y once países del Pacífico; el “Trade in Services Agreement” (TiSA), acuerdo de comercio y servicios entre 24 países, incluyendo la Unión Europea y EE UU, o el propio TTIP. Oficialmente, sus promotores los defienden por llevar en sus venas los valores del libre comercio de las democracias occidentales, pero, en realidad, lo que buscan es proteger a los grandes inversores privados de los parlamentos y estados democráticos y establecer, además, una geoestrategia política en contra de los países emergentes, tales como pudieran ser China o Rusia. Hablan y no paran de los TLC como instrumentos de consenso que ofrecen más empleo y bienestar social para la mayoría, pero, en realidad, lo que traen consigo es más desigualdad a la mayoría de la sociedad y mayores beneficios a las élites, tal como ocurrió con el “North American Free Trade Agreement” (NAFTA), acuerdo entre Canadá, EE UU y México, que entró en vigor el 1 de enero de 1994, junto con la revolución mexicana neozapatista, y conviene recordar que en Europa ya existen 123 millones de personas que se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social.

Una vieja idea neoliberal es la de que hay que especializarse en la producción internacional para así elevar la productividad y, por tanto, el crecimiento económico mundial que revertirá en el conjunto de la población mundial. Se trata de una falacia de ambigüedad denominada composición que hace confundir la parte por el todo; por ejemplo: dado que una a una, las piezas que componen una máquina son livianas, toda la máquina es liviana, o dado que un autobús gasta más gasolina que un automóvil, todos los autobuses juntos gastan más gasolina que todos los coches juntos. A estas alturas de la narración neoliberal, ya sabemos que el crecimiento económico no tiene por qué revertir en el conjunto de la población; todo lo contrario, la productividad, con su crecimiento económico, ha hecho a los más ricos más ricos y a los más pobres más pobres.

El TTIP parece estar escrito en neolengua, un lenguaje ad hoc para iniciados que evitan la claridad de las intenciones; por ejemplo, regular es sancionar antes que organizar, y hay mucho que regular entre EE UU y la UE por las diferencias comerciales, sociales, políticas, culturales e ideológicas. Para ello, el TTIP quiere imponer una serie de obligaciones que se pueden dividir en dos grandes grupos: a) buenas prácticas reguladoras (más suaves y que se orientan al control de las normas menos conflictivas); y b) cooperación reguladora que es el corazón del TTIP y se refiere al mecanismo de arbitraje sancionador, como puede ser el Investor-State Dispute Settlement (ISDS), una especie de jurado por encima de las constituciones nacionales cuyos miembros serán elegidos por las propias interesadas empresas multinacionales. Seguramente, lo más dañino del TTIP puede estar en el campo de las relaciones laborales; las diferencias entre EE UU y la UE son abismales y una nivelación supondría una baja para los trabajadores y sindicatos de la UE. El “dumping” social –si bien ya está servido– entraría en una carrera sin fondo para ver qué país eliminaría la legislación laboral para atraer la inversión extranjera.

Ninguna operación de maquillaje puede borrar los peligros adversos para la democracia y los derechos humanos de los TLC. El mejor TTIP es el que no existe, y la mejor manera de combatirlo es mediante el empoderamiento ciudadano y la movilidad social, ya que algunos partidos que en sus programas defienden postulados socialdemócratas han quedado retratados votando a favor del TTIP junto a los grupos populares y liberales, tanto en el ámbito europeo como en el doméstico.

PIGS, ¿rebelión en la granja?

En la década de los noventa del siglo pasado, primero, y a raíz de la crisis capitalista de 2007 – 2008 sobre todo, la prensa financiera británica ( Financial Times, The Economist ) ha venido usando la expresión peyorativa PIGS ( CERDOS ), para referirse a Portugal, Italia, Grecia y España ( Spain ), culpabilizándolos por ser una rémora , un lastre, debido a su déficit público y / o desempleo, para el crecimiento económico de la Unión Europea.

Sin duda, ese término despectivo, ofensivo, que hace de los países del sur de Europa los responsables del estancamiento económico europeo, ha servido bien al propósito de la Comisión Europea, gobernada fundamentalmente por el establishment alemán, con la canciller Merkel a la cabeza, del Banco Central Europeo ( otro tanto de lo mismo ) y del siempre atento a la aplicación de políticas neoliberales Fondo Monetario Internacional ( FMI ), que juntos han formado la tristemente famosa Troika, para disciplinar severamente a los puercos moradores de esa pocilga. Leer más

 

Estados Unidos, ¿ millonarios patrióticos o millonarios alarmados ?

Se llaman a sí mismos los millonarios patrióticos y forman un selecto club al que solo pueden pertenecer aquellas personas que ingresen al año más de un millón de dólares, o quienes dispongan de un patrimonio superior a los cinco millones de dólares.

El grupo, compuesto ahora por más de 200 millonarios, existe desde 2010 y quiere dos cosas: que el Congreso de los Estados Unidos obligue a los más ricos, el 1% que concentra más del 40% de toda la riqueza y el 42% de todas las acciones e instrumentos bancarios que generan dinero, a pagar más impuestos y que eleve al doble, de 7,25 a 15 dólares, el salario mínimo federal que cobra a la hora el trabajador estadounidense.  Leer más