El pueril razonamiento de sesudos economistas neoliberales apoyados por unos cuantos mal llamados socialdemócratas, consiste en afirmar que si el comercio internacional fuera “liberado” de leyes y trabas políticas –es decir, de la propia democracia– reconduciría a una nueva y más profunda división del trabajo internacional, lo que daría lugar a un mayor productividad y crecimiento económico, desembocando en la creación de empleo y bienestar social; bien, pues este es el nudo gordiano de la defensa del secreto tratado de libre comercio entre EE.UU. y Europa, el llamado en sus siglas inglesas TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership). Este es el tratado añorado por el club Bilderberg, por Davos y por todas las empresas multinacionales del mundo que les molestan las leyes laborales, los derechos humanos, la conservación de la naturaleza y la mínima expresión democrática incluida el pálido parlamentarismo que nos gobierna. Leer más…

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